¿Sirvió la gira de Tillerson para promover la paz en Colombia y Venezuela?

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Como cuando el papá avisa repentinamente que va para la casa y los hijos corren a poner orden: así. Rex Tillerson anuncia el 26 de enero de 2018 la gira que iniciaría el primero de febrero por cuatro de los países más subordinados a los Estados Unidos en la región suramericana.

Tres días después, Juan Manuel Santos se levanta de la mesa de diálogo con el ELN y la Fuerza Aérea Colombiana bombardea un resguardo indígena so pretexto de estar ejecutando una acción contraguerrilla. Para despedir al papá, los muchachos se paran en la puerta y le prometen seguirse portando bien.

Tillerson cierra su gira y ese mismo día en República Dominicana, el vocero de la oposición venezolana, Julio Borges, se niega a firmar el acuerdo que garantizaría la convivencia pacífica con el Gobierno venezolano a pesar de haber sido preacordado en la mesa, sin escuchar al expresidente español Rodríguez Zapatero quien así le solicitó públicamente:

“Le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el Gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado”.

Al día siguiente, como para demostrar que entendió las instrucciones, Juan Manuel Santos anuncia nuevas resoluciones de su gobierno para la frontera con Venezuela; una de ellas es el traslado de tropas.

¿Qué gana el gobierno de Colombia con estas nuevas medidas que anunció Santos para la frontera con Venezuela?

Santos anunció por su cuenta Twitter una nueva serie de acciones en la frontera con Venezuela que incluye el envío de 3 mil nuevos efectivos, la construcción de un centro para atender 2 mil migrantes y nuevas resoluciones de tipo migratorio. Con estas medidas, Santos continúa distrayendo la atención -y la tensión- del pueblo colombiano hacia Venezuela, justifica el uso y apropiamiento de los millones de dólares que aporta anualmente el gobierno de los Estados Unidos desde que fue aprobado el Plan Colombia.

Cumple con las exigencias que le hiciera el vicepresidente Mike Pence en agosto, y que sin duda debe haber reiterado Tillerson, para no descertificar a Colombia por el incremento demostrado de la producción y exportación de cocaína, y continúa alimentando el fantasma del “castrochavismo” para sembrar el miedo a la amenaza externa e interna en el pueblo colombiano, entre otras ganancias.

¿Tendrá todo esto algo que ver, también, con las próximas elecciones presidenciales en Colombia?

Sin duda.

¿Este nuevo movimiento militar del Estado colombiano hacia la frontera es consecuencia de la crisis humanitaria que, según Santos, existe en Venezuela?

No. Nadie que posea una mínima capacidad de análisis político puede creer este exabrupto. Por el contrario, esta respuesta es desproporcionada y busca continuar distorsionando la realidad para justificar acciones intervencionistas de tipo político, económico y militar contra Venezuela.

El avance de tropa hacia la frontera es producto de un progreso en el posicionamiento internacional de la matriz de opinión que dice que en Venezuela existe una crisis humanitaria que pone en riesgo la seguridad de Colombia y de toda la región, en gran parte, gracias a que fue el eslogan de la reciente gira de Tillerson. A su vez, es de preverse que estas medidas tiendan a fortalecer dicha matriz para conseguir involucrar definitivamente a organismos internacionales como la ACNUR o el Consejo de Seguridad de la ONU y justificar esta etapa de relanzamiento de la Doctrina Monroe en su versión siglo XXI.

¿Dónde está la crisis humanitaria que quita el sueño al presidente Santos?

Colombia cerró enero con 27 personas víctimas de asesinatos selectivos. 24 de ellas asesinadas por paramilitares, tres por el ejército y una niña indígena que fue víctima del bombardeo al resguardo indígena Chagpien Tordó por parte de la Fuerza Aérea Colombiana el 29 de enero, falleció el día miércoles. Pero además de eso, Colombia cerró el primer mes de 2018 con 62 feminicidios según el Observatorio de Feminicidios de Colombia. Como si esto fuera poco, continúa ocupando el primer lugar en desplazamiento interno del mundo según cifras de la ACNUR.

Una parte importante de estas personas se encuentra en situación de calle en las principales ciudades colombianas, justamente por falta de refugios. Colombia tiene un triste promedio histórico de cuatro niños y niñas que mueren de hambre cada semana. Sólo en los cuatro primeros meses del año 2017 murieron 75 niños y niñas de hambre en Colombia. Pero el presidente colombiano tiene pesadillas y está dispuesto a todo por solucionar la “crisis humanitaria”… de Venezuela.

¿El gobierno colombiano promueve la hermandad con el pueblo venezolano o promueve la xenofobia?

Santos habla de los hermanos venezolanos, quiere construir refugios para recibirles, pero, al mismo tiempo, su gobierno promueve la xenofobia al sobredimensionar las consecuencias de la inmigración venezolana, vincular venezolanos y venezolanas a la guerra interna que vive Colombia, y convertir al Gobierno venezolano en una caricatura terrorífica que han dado en llamar el “castrochavismo” con el que amenaza a todo candidato o candidata que pueda representar una opción distinta para el pueblo colombiano en las elecciones presidenciales que se realizarán en mayo de 2018.

¿Qué tan grande es la emigración de Venezuela hacia Colombia?

Las cifras sobre la migración venezolana a Colombia son tan contradictorias que el gobernador del Departamento de Bolívar, miembro del partido liberal (partido hermano de Acción Democrática), lo denunció públicamente esta semana. El otro dato contradictorio, dado por altos personeros del gobierno santista, afirma que el 70% de las personas que están ingresando por la frontera colombo-venezolana son nacidas en Colombia y forman parte de familias que llama “mixtas”, por lo que se debería hablar de un retorno de colombianos y colombianas, y no de “inmigrantes”.

¿Santos se preocupa por todo el pueblo venezolano, o sólo por dos tercios?

El premio nobel de la Paz pierde el sueño por la “crisis humanitaria” de Venezuela, pero no hace nada por su diáspora colombiana. Desde hace más de 40 años se ha dado una inmigración continuada desde Colombia que ha sumado 5 millones de personas.

En 2013 ingresaron al país al menos 189 mil, mientras que en 2014 llegaron unos 144 mil más. Si se promedia que cada persona nacida en Colombia que viva en Venezuela tiene tan solo un hijo o hija venezolana, que puede en cualquier momento reclamar su nacionalidad colombiana, se puede decir que un tercio de quienes habitan Venezuela son colombianos y colombianas o colombo-venezolanas y colombo-venezolanos. Si el gobierno colombiano tuviera una política exterior responsable y sus representaciones consulares en Venezuela velaran por abastecer de medicinas y alimentos a sus conciudadanos y conciudadanas, esto podría mejorar la conciencia del presidente Santos para que no tuviera las pesadillas que declara tener con su vecino país. Pero por alguna patológica razón, no se preocupa por el tercio que le corresponde, sino por los otros dos tercios.

¿Hasta dónde será capaz de llegar el presidente Santos para satisfacer las exigencias de los Estados Unidos?

Esa es la pregunta de los 50 mil Petros.

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Acerca de cubaenecuador

Amante de la patria grande de Bolivar y Guevera. Eloy Alfaro y José Martí. Fidel y Rafael Correa
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